Intenté llegar preparado. A estas alturas de mi vida no va uno todos los días a un concierto de Modestia Aparte. Bajar Martínez Campos escuchando a La Costa Brava adorando a las pijas de mi ciudad pensé que sería la mejor manera para adentrarme en la Sala Caravan y prepararme adecuadamente a un rato de revival y ambiente en el que me sentiría, como mínimo, ligeramente descolocado…

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Entrar en un concierto de Modestia Aparte en pleno 2010, media hora antes de la hora prevista fue el primer error. Las costumbres de los fans actuales del grupo son las de llegar al menos media hora después de la hora prevista para el inicio. Y claro, ellos (los artistas) salen una hora más tarde de lo previsto.

Las costumbres del local me parecían extrañas, más allá del cumplimiento de los horarios. Servidor no tiene problemas para tener una buena visión del escenario, se ponga donde se ponga debido al cuerpecito que, gracias al empeño que tuvo mi madre cuando era chico de que tomara mucha leche, ha ido adquiriendo con el paso de los años, pero para mi acompañante que está muy lejos del 1’90, si es importante la ubicación. Así es que decidimos acoplarnos junto a una columna a poca distancia del escenario, pero para nuestra sorpresa, lo usual por parte de los asistentes es, independientemente de la hora de llegada, colocarse en el mejor sitio posible, aunque para ello haya que destronar de su reinado a una pequeña e histérica –aunque bastante timorata para la lucha- fan de los Modestia que me pedía ayuda sin que yo supiera cómo actuar.

Una ignorancia basada en el temor. Un miedo irracional fundamentado en el progresivo y alarmante aumento del porcentaje de concentración de pendientes perlados por metro cuadrado y en la actitud de muchos de los presentes ante la banda sonora que iba calentando el ambiente… Uno se considera un buen mozo, pero le aterra ver a su alrededor a gente que canta y baila “El Imperio contraataca” de Los Nikis sin ver a su letra ningún tipo de ironía o “Pandilleros” de Dinamita pa los Pollos excesivamente –para mi gusto- dramatizada en el trozo de la nariz sangrando y rodando por el suelo…Da miedito porque todos parecían estar en muy buena forma a juzgar por los atuendos deportivos que lucen y hacen alusión al Polo o al Pádel y el sueter rosa por los hombros, por si refresca…

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Cuando los pitos por el retraso del inicio del concierto empezaban a resultarme molestos, a las 12 de la noche (una hora después de la prevista) saltan al escenario un grupo de jóvenes con el cantante de Modestia Aparte. Reconozco con insana envidia que, para la edad que debe tener, su aspecto es formidable, ya que parece casi más joven que el grupo que le acompaña que, si mi memoria no me falla, no tiene nada que ver con el que tenía hace más de 20 años…

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“Mi mundo al Revés” y “Esta es mi Generación” sirven para empezar un concierto en el que la coletilla de ¡Arriba Madrid! sonó más veces de las recomendables para que no resultara ridícula en un local en el que no habría más de ciento y pico personas…

“Cosas de la Edad” siguió para que fuera consciente de que los recuerdos, a menudo, no son del todo fiables

Un Parapapá (mi desconocimiento de los últimos discos del grupo y la ausencia de un estribillo más complejo que ése me impiden saber cuál es el título de la canción en cuestión) precede a un clásico “Ojos de Hielo” que me vuelve a llevar a la adolescencia, porque este chico aún no ha perdido aquella voz que mi padre definió como de niñato repelente

“Pasión”(con cuatro espontáneos demostrando porqué subirse a un escenario no puede-debe hacerlo todo el mundo pero que bajan del mismo con cara de superioridad y de haber vivido una experiencia épica) y “Copas Rotas” me hacen pensar que en la escasa media hora de concierto que llevábamos por aquel entonces ya habían sonado muchos de los clásicos que mi recuerdo decía que podían sonar aquella noche y no deberían quedarles demasiados.

Estas sospechas se confirman cuando se arrancan con un “homenaje” a Nacha Pop (Antonio era un tipo genial y un gran amigo…) del que me abstendré de hacer más comentario que una de las dos canciones interpretadas fue esa que estás pensando y que en todo Karaoke que se precie suena al menos un par de veces cada noche… (9 de cada 10 grandes fans de Nacha Pop o de Antonio Vega encuestados para la realización de esta Anticrónica nombra esa canción indudablemente como su canción preferida de ambos repertorios…)

Pasamos sin solución de continuidad a “Como un sultán”, para posteriormente interpretar una nueva con la que me siento relativamente bien ya que a su pregunta de ¿La Conocéis?, el público da la misma respuesta que yo…

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“Hora punta en el Metro” (reivindicativa canción digna de ser escuchada al menos una vez en la vida), “Ella Sabe, ella quiere” y “Son las 10” (nueva también, pero con la precaución de decir su título antes de tocarla para evitar el momento de tres canciones atrás), para dar paso a “Como te mueves”, con una catarsis final en la introducen (el teclista principal y casi exclusivamente) acordes de Billie Jean, Higway to Hell (sí amigos, AC/DC) y alguna pieza más que no llegué a reconocer…

“Es por tu amor”, tras muchos ruegos del público ante la amenaza de final de concierto, suena durante algo más de diez minutos (en serio, os lo prometo), en lo que parece un más que digno final.

Momentos de incertidumbre que aprovecho para ver cómo dos preciosas damas del escuadrón de las orejas ornamentadas con perlas piden junto a mí (sí amigos, estaba en la barra ligeramente alejado de dónde estaba la acción) una Coca cola y un Trina que intentan pagar con tarjeta y que no funciona. Me provocó tanta ternura la escena que estuve a punto de, en un ramalazo de condescendiente generosidad, pagarles la consumición. Pero en ese momento comenzaron los bises con “La luna”, “No me muevo” y “María” y me debía a esta anticrónica…

Se acabó. Hora y media de concierto. Se bajan del escenario entre saludos y abrazos con los presentes para adentrarse en un camerino, donde sólo los más grandes se refugian con la satisfacción del deber cumplido y la sonrisa del que sabe que ha hecho algo grande…

Pero eso, lo dejaré para otro día. Pasadas la una y media de la noche, decido abandonar el local escuchando a La Costa Brava adorando a las pijas de mi ciudad

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