Histriónicos. Calientes. Estrambóticos. Arrítmicos. En primer plano Él, una mezcla de Lou Reed y Jagger acelerado, saltando desquiciado por el mínimo escenario de la Nasti. A su lado Ella, como recién salida de una película de la Nouvelle Vague, guapa y sensual, combinando voz y movimientos de guateque espasmódicos. Al fondo, una batería con pinta de camarera vintage, con lazo en la cabeza incluido, tocando como le da la gana, una bajista silenciosa y sonriente punteando ambigua debajo de su gorra de los Lakers y un gafotas guitarrista manteniendo el tipo hasta en la más eléctrica de las canciones.

Estos son y así suenan Chain and the Gang. Una combinación extraña y explosiva que funciona. Sexuales, reivindicativos, (un poco hasta la extenuación),  rockeros y llenos de reminiscencias setenteras y ochenteras pero con temas originales, simples y efectivos.

En el Nasti el público estaba entregado. A Ian Svenonius, (con el micro metido en la boca),  y a Katie Alice Greer,(con la boca casi besando el micro), se les da realmente bien combinar sus voces y rezuman una química extraña basada en responderse el uno al otro musicalmente en cada tema a lo Ike y Tina,  pero sin mirarse jamás, lánguidamente eléctricos. Un buen concierto para desenredar los largos martes de noviembre. Happy thank you more please.