“Hace tiempo tuve una amiga a la que quería de verdad…”

¿Os acordáis de aquella amiga a la que todos adorábamos y a la que con el tiempo fuimos abandonando por que le dio por salir con chicos raros y por hacerse la interesante?

Os hace ilusión saber de ella de cuando en cuando y la recordáis con cariño.

Yo, sin embargo, soy esa persona que ha seguido a su lado, la ha comprendido, animado, jaleado y hasta defendido cuando decían que había hecho mal. Soy el que siempre estaba ahí, aunque nadie se diera cuenta. Aunque no fuera necesario.

Pero es tiempo de volver. Estáis todos regresando a ella. Es un caso sin resolver…

 Christina Rosenvinge

“Una princesa que andaba a dos pasos, de sus zapatos de cristal”

Christina viene acompañada de Refree y Aurora Aroca, sin percusiones, para que el ambiente sea íntimo y propicio. Durante toda la noche la colocación de instrumentos y músicos cambiará mucho, pero para empezar, Christina sale con guitarra, de pie, frente a un micro, mientras sus compañeros de escenario toman el violonchelo y otra guitarra.

Empieza mirándome “El labio superior” con La distancia adecuada y Negro cinturón. De “La joven Dolores”, toca después Tu sombra para pasar al susurrado inglés de “As the wind blows”, de “Frozen Pool” con Refree sentado al piano por primera vez en el concierto.

“Que me parta un rayo” pienso cuando pide, como sólo ella sabe, Alguien que cuide de mí ¡Más de 20 años ya, joder! Creo escucharla mientras los voluntarios y voluntarias para cumplir sus deseos se multiplican por la sala, antes de mostrarnos Mil pedazos de mi corazón, que tienen pinta de haber volado por toda la habitación…

Y saldrán, y volverán a nuestras vidas con otra forma ya que formarán parte de su próximo trabajo “Un caso sin resolver” que serán 4 CDs, con DVD y libro, como la versión que hace Christina de la canción de Refree El sud, del disco “Els invertebrats” que aprovecha para hablar con admiración de las buenas letras que se están haciendo actualmente en catalán y lamentarnos por todo lo que nos perdemos los no catalanoparlantes.

Refree y Christina cogen las guitarras nuevamente para acercarnos a “La joven Dolores” con Weekend y a “Tu labio superior” con Anoche (El puñal y la memoria).

 Christina Rosenvinge y Refree  

Y se dirige al piano a sentarse sobre Refree para interpretar a cuatro manos ese tema que surgió de su visita a aquel psiquiatra que le cobró 200 € para decirle que no tenía que tomar ninguna pastilla pero que le extendió una receta que llevó sin leerla a la farmacia. Allí se rió la farmaceútica diciendo que no tenían de eso al ver escrita la respuesta a sus males: Un hombre muy formal.

Y se queda sola, íntima en el piano, y recordamos aquel “aliento contenido desde la pubertad” con Eva Enamorada para llegar a la historia de la noche: La que nos va a introducir en Tú por mí, basada en aquella amiga de hace más de 20 años, compañera de piso, con mucha más gente, en el barrio de Teruán, inglesa que trabajaba en El Templo del Gato, que se enamoró de un hombre y desapareció y sólo volvieron a saber de ella años después cuando la vieron trabajando en la Calle de La Ballesta, de eso que todos estamos imaginando… En ese tiempo de desaparición, entre el enamoramiento y la venta del amor, entre El Templo del Gato y la Calle La Ballesta, le escribió la canción. Canción, como tantas otras de su repertorio, que surgen de la gente que le rodea.

“Mucho cuidado con los cocodrilos
vienen despacio y nunca los ves.
Se la comieron sonriendo tranquilos
yo me di cuenta y me fui por pies…”

Al acabar la canción cuenta, con una media sonrisa, que ha vuelto a saber de ella y que a día de hoy es feliz, viviendo en una casa con dos caballos, un marido, muchos perros y un niño…

 Christina Rosenvinge

Y seguimos líricos cantando  “mi pequeña Odisea, no tendrá quién la lea” en la preciosa Mi vida bajo el agua, y volvemos a los antros neoyorkinos del disco “Continental 62” con Tok tok, para cerrar el concierto con otra versión que estará en “Un caso sin resolver”, el Allelujah de Leonard Cohen, al que felicita y al que siente molestar por versionar esa canción. Precisamente esa que tanto irrita al maestro Cohen que todos versionen…

 

“Yo que estuve en el lado salvaje
digo que nunca pienso volver
Hasta Lou Reed se pasea con traje
y llama a su novia desde el hotel…”

 Y los bises…

Ella sin instrumentos, sólo con el micrófono y su voz, con ese No lloro por ti, de “Verano fatal”, la pequeña obra de arte que hizo a medias con Nacho Vegas.

Nos dice que salió con un chico que sólo puso una condición: Que nunca le escribiera una canción. Y escribió Jorge y yo, y con ella nos llevó de nuevo a la infancia y a sentir la penúltima ausencia de la noche.

 Christina Rosenvinge

Nadie como tú y La canción del Eco son las elegidas para volver y dejarnos, armada con la guitarra para terminar. Para dejarnos con su última ausencia, ahora ya definitiva hasta nueva orden. Se fue con su vaporoso vestido negro y su corta falda corta, subida a sus botas altas, abriendo los ojos más que en toda la noche, para despedirse.

“Tú por mí, yo por ti.
Iremos juntas donde haya que ir.
Tú por mí, yo por ti.
Iremos juntas sólo por ir…”

A mitad del concierto, tras cantar aquello de “con el verdadero amor se hacen casas de ladrillo,
con esto que hay entre tú y yo sólo salen estribillos…”
de Weekend, alguien le gritó ¡Guapa! A lo que ella respondió que mejor que la llamen guapa, prefiere que le lleven el desayuno a la cama, concretamente un croissant y un zumo a las diez…

Salí corriendo a comprar naranjas y de este concierto nunca más se supo…

 

“Pienso en ti, donde estés
y si vuelves alguna vez
Nos reiremos de este mal sueño
con una taza de café…”

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