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Colgado del techo sobre el fondo del escenario un neón nos anuncia la presencia del “Daiquiri Blues” en la ciudad, único adorno puesto en escena. Los instrumentos esperando a los músicos, los amplificadores encendidos. Iba a ser un concierto muy en la onda del último trabajo de Quique: sobrio, con los adornos justitos pero en el que tampoco se echa nada de menos, el toque preciso y listo, para qué más.

Se bajan las luces, una voz en off nos comunica el comienzo del espectáculo, nos recuerda que está prohibido el uso del flash, pasar por delante del escenario o hacer cualquier cosa que pueda romper el ambiente íntimo del concierto. Después aparece Quique. Se presenta él solito en el escenario, el público, unos 400 fieles, llena el teatro de aplausos antes de que suene la primera nota. Quique saluda a la audiencia, dice que han variado el repertorio respecto a los otros conciertos de la gira y que empezará tocando algunos temas él solo, después se sienta al piano y empieza a sonar “El Rompeolas”. El silencio se apodera de la sala. Las notas del piano y la personal voz del artista cargan el ambiente de una atmósfera íntima, secreta, poca luz y muchos sentimientos se entrecruzan en el aire.

Un par de canciones más y Quique sigue solo en el escenario, esta vez acompañado por su guitarra. Los miembros de la banda se van sumando al espectáculo, Julián Maeso (The Sundays Drivers) a los teclados, -toma ya ese sonidito Hammond-, Jacob Reguilón bajo y contrabajo, el mítico Toni Jurado a la batería y el gran Javi Pedreira a las guitarras y pedal steel. Con toda la banda tocando el sonido se vuelve mucho más rock, más contundente, con un control de dinámicas espectacular (que grande Toni) y suena “La ciudad del viento”. El ambiente sigue siendo íntimo, estamos en un teatro todos sentaditos, no se puede ni beber ni fumar y las fotos con cuidadito que ya nos han avisado los chicos de seguridad…, pero Quique se va animando. Se le ve contento, con ganas de tocar y disfrutar. En seguida llega “Cuando estés en vena”, primera canción de “Daiquiri Blues” de la noche, el directo le sienta muy bien al tema, tiene un toque algo más duro, lo mismo le pasa a “Nadie podrá con nosotros” que llegará un poco después. La banda se ha esforzado por mantener el sonido rock en los medios tiempos, y vaya si lo ha conseguido, -sin pasarse, que es Quique González-, pero también han sido capaces de conservar un sonido mucho más íntimo para otro tipo de canciones, “Kamikazes enamorados”, “Hasta que todo te encaje”.

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Empiezan a sonar las primeras notas de “Daiquiri Blues”, cómo suena este tema en directo, de verdad. El público se va animando, estamos cansados de estar sentados y necesitamos sacar pa´fuera la energía que nos envía la banda. Con “Vidas Cruzadas” el público explota, toda la sala se pone en pie, las palmas y las voces rebotan contra las paredes, la banda lo nota y le pone todavía más ganas. “Avería y redención” se endurece sobre el escenario y la energía sigue subiendo. “Pájaros mojados” nos corta un poco las alas y nos sentamos de nuevo, se nota un poco de bajonazo en general, pero es que nos están preparando para el momentazo de la noche, y es mejor estar sentado que caerse de culo. “Riesgo y altura”, simplemente impresionante, las primeras notas nos llevan de cabeza al mismo centro de Nueva Orleáns, Javi Pedreira está enorme, como en todo el concierto, al tío le da igual coger una guitarra u otra, el pedal steel, un corito por aquí, un solito por allá, de todo. La banda entera le da un sonido muy jazzy, muy fiel al disco pero con el extra del sonido de directo, fantástico. Después “Su día libre”, “Salitre”, un poquito más de rock n´roll y vamos a ir terminando. La banda se junta en el frontal del escenario, Quique está pletórico y agradecido, y el público más. Por los altavoces suena el “Rock & Roll all night” de los Kiss mientras la banda hace mutis por el foro, ¡toma ya! digo para mis adentros, salgo y rebusco un cigarro en el bolsillo de la chaqueta.

Caminando hacia el coche al lado de las murallas pienso en lo espectacular que resulta la falta de artificios. Quique no estaba hoy amurallado, él es una muralla de sinceridad y estilo que no necesita nada más para permanecer en pie, lo único que los demás podemos hacer es quitarnos el sombrero y volver a casa tarareando… “hasta que se abra el día por fin…”.

Me gustaría agradecer a “Las Gafas de Mike” y en especial a Juanfran que se lo hayan currado para conseguirme una acreditación de prensa para este concierto, tal vez no ha sido fácil pero podéis con todo.

Texto y fotos: David Temprano


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