Two Gallants atacan desde las vísceras. Desgarrando, impactando, bombeando el corazón con su música. La voz de Adam Stephens y los brazos del batería Tyson Vogel percusionando sin descanso resultan una conjunción estelar que da como resultado canciones como las que se pueden escuchar en su último trabajo, “The bloom and the Bligh” (su cuarto trabajo de estudio, que sale a la luz cinco años tras “Despite What You’ve Been Told”), como “Halcyon Days”,  o “My Love won’t wait”.

Colegas desde los doce años, (no hay más que ver la foto de portada del álbum), estos dos de San Francisco, que robaron el nombre al mismísimo James Joyce, no necesitan de más  músicos en el escenario para interpretar sus personales temas. A mí me sonaron a folk, a historias contadas al lado de una hoguera en el más profundo del profundo Oeste, pero también a desgarradas historias de amor que terminan, a corrientes eléctricas profundas, a nada que me hubiera sonado antes igual. Y como ese es uno de los milagros de la música que no se da con frecuencia, desde aquí os lo digo, me quito el sombrero ante los two gallants, al más puro estilo “Dublineses”.

Foto: Jordi Antón

Entradas relacionadas: