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Es una maravilla, es un disco precioso, con el realizareis un viaje fantástico…

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01 – Long Flowing Robe
02 – The Ballad (Denny & Jean)
03 – Bleeding
04 – Wailing Wall
05 – The Range War
06 – Chain Letter
07 – A Long Time, A Long Way to Go
08 – Boat on the Charles
09 – Be Nice to Me
10 – Hope I’m Around
11 – Parole
12 – Remember Me

Todd Rundgren grabó un par de discos solistas en un formato más tradicional, con arreglos a medio camino entre el pop y el rock. No sea cosa de usar demasiadas palabras y terminar por gastarlas, Todd optó por llamar a un álbum Runt y al otro Runt. The Ballad of Todd Rundgren. Vale aclararlo, son dos álbumes diferentes, que no comparten mucho más que esa palabra que terminó siendo tan significativa en la obra del músico.

Con exceso de maracas, triángulos, cowbells y percusiones de todo tipo, esta “balada” de poco más de cuarenta minutos retrata, con relativo éxito, una etapa al parecer particularmente desesperanzadora de Rundgren, cosa perceptible desde la portada hasta las letras de temas como Wailing Wall o Be Nice to Me. Sin embargo, no todo es piano, lágrimas y cuerdas en este segundo Runt: pueden encontrarse ecos de Nazz en temas como Bleeding o Parole, en el cual Todd, a la hora de enumerar los instrumentos que interpeta, aclara “guitarras, guitarras, guitarras, clavinet eléctrico y mucho sudor”. El bajista acompañante suele ser Tony Sales -el mismo del primer Runt- y el baterista N.D. Smart; aunque en algunos temas los músicos cambian. Sin embargo, como es de esperarse, lo auténticamente relevante en este trabajo es Rundgren y -podría afirmarse- nada más que Rundgren: compositor, productor, cantante, guitarrista, pianista, organista, percusionista; parece tocar con otros músicos más por cuestiones de prolijidad que por buscar un sonido construido a partir de ideas y estilos interpretativos diversos.

El “relativo éxito” al que hice referencia anteriormente refiere a la tristeza de la que supuestamente “debería” estar impregnada el álbum -que, creo, aparece por momentos y desaparece por otros- y no a la calidad del trabajo en sí, ya que en este aspecto el éxito es casi absoluto: sin la creatividad tímbrica de posteriores trabajos solistas ni la heterogeneidad brillante y unidad romántica post-hippie de los mejores momentos de Utopia, el Rundgren de este Runt es más maduro que el adolescente rabioso y despreocupado de Nazz; diverso en lo emocional y oscuro en lo estético, sin embargo siempre logra mantenerse vital y melódicamente delicioso, resultando particularmente bellos ciertos momentos pop amigos de, pongamos, Randy Newman.