- No me suenan

- ¿No? Pues eran muy grandes. Pero claro, sólo los conocíamos unos pocos…

Este diálogo podría ser un común denominador de días antes del concierto especial de reunión del pasado Jueves 11 de Abril en la Sala Joy Eslava. Ser de Chucho implicaba ser indie. Pero ser indie de verdad, de los de no contar a nadie qué es lo que tú escuchas por miedo a que se convierta en mainstream. Ser indie y tener de referente un grupo de Albacete. Algún día analizaremos esto adecuadamente. Los indies de este país han sido siempre así. Hasta he oído renegar de Los Planetas por tener éxito de masas…

Se separaron allá por 2005 tras una década de carrera muy alabada en aquel momento, en el que se dijo de ellos que eran una de las bandas más importantes que hubo en esa década. Lo habitual en este tipo de música. En el momento que se disolvían. Pero Chucho eran muy grandes. Eran realmente grandes y merecíamos, al menos yo quiero pensarlo así, un retorno, un deja vu, un volver a paladearlos con mayor consciencia que cuando los degustábamos con el porte moderno de aquellos tiempos.

La banda reunió casi la formación original, liderados por Fernando Alfaro y casi llenó una Sala Joy Eslava de mucha gente talludita, con profusión impresionante de barbas desaliñadas y gafas de pasta. La evolución lógica de aquellos fans de entonces, era esa. Esa o las canas, tripas incipientes o escaseces capilares, pero esa ya es otra historia relacionada con el paso del tiempo más que con la evolución de los adeptos a un grupo.

Fríos, como no podía ser de otra manera, con un público y un sonido que inicialmente no ayudaban, comenzaron con “Conexión de hueso”. Por ese escenario, con el rosetón de luces setenteras tan característico de la Joy, y que sólo algunos utilizan adecuadamente, como ellos en un par de canciones, pasaron canciones (clásicos para muchos de los allí presentes) “El ángel inseminador”, “Mi anestesia”, “Cirujano patafísico”, “Extrarradio”, “Visión Rayos X”, “No me importa”, “Gran angular” o “Un ángel turbio”.

En muchas canciones faltaron los coros de Isabel León, y el público parece que hubo momentos en que quiso paliar la ausencia tomando el relevo, pero no fue precisamente la nota característica de la noche. Digamos que Chucho no provocó un karaoke orgásmico en los asistentes, pero tampoco es el estilo de los allí presentes, obviamente. Con la maravillosa “Revolución” dieron por terminado el primer asalto, con la evidente sensación de que había más.

Y lo hubo: Dos bises. El primero con la genial “Erección del alma”, canción por la que tengo una debilidad especial aunque no vaya a aburrirles ahora con ello, “Perruzo” y la inevitable, mítica y preciosa “Magic”. Uno no entiende cómo esta canción no está en el inconsciente colectivo de este país de una manera más extendida, aunque ese mismo uno sabe que si lo estuviera ahora mismo, seguramente Chucho no significaría lo que realmente significa hoy en día. El leitmotiv del indie patrio es así. En el segundo bis, descargaron la tremebunda “Inés Groizard”, con mucha energía y bestialidad, como queriendo dejar al público totalmente extasiados y reventados, a pesar de lo temprano de la hora, cosa a la que uno no acaba de acostumbrarse con estos comienzos de conciertos tan puntuales y finales tan previos casi a la cena…

Voy a terminar la anticrónica y todavía no he recurrido al chiste de que “Chucho a vuelto a morder por primavera”, de momento parece que ha ido bien. Aunque bien es cierto que esa fue la manera de anunciar su vuelta desde la página de facebook de Surfin’ Bichos…

Tras escuchar el concierto, me quedé en la puerta esperando algún comentario a lo indie-style tipo “sonaban mejor antes” o “cuando yo los seguía eran mejores”, pero no se dio. El tiempo de espera ha llevado a muchos a perder esa actitud y a disfrutar realmente de algo único como es la vuelta de uno de los grandes.

Ahora, como les dé por girar de nuevo y sacar nuevo disco, ya hablaremos…

Por cierto: De Surfin Bichos ya les hablaremos otro día.