Bunbury

Segundo asalto. Es muy dificultoso plasmar en un papel todo la emoción que hubo esa noche en el Liceo. Yo creo que es imposible, pero lo voy a intentar. El ambiente era impresionante, el Liceo a reventar y todo el mundo de pie en sus localidades esperando el inicio del concierto. Señales acústicas anunciaban la espera, cinco minutos, tres minutos, luces fuera y la melodía de inicio, un piano intenso, recordando aquellos solos que hacia Copi en la época del Huracán Ambulante. Uno a uno salen los músicos empezando por un Jordi Mena elegantísimo, Ramón Gacias, Jordi Rebenaque, Álvaro Suite y Robert Castellanos, bajo una luz azul intensa, y unas luces blancas entrecruzadas anunciaban la entrada del Sr. Enrique Bunbury. Impresionante. La gente de pie, así continuó todo el concierto. Su sola salida al escenario, llevo al éxtasis de toda la sala. No hacia falta nada más, y aún quedaba todo el concierto. Arrancó con “Las consecuencias”, que si en el disco no me convencía, en directo apabulla. “Ella me dijo que no”, “De todo el mundo”, “Frente a frente”, “Los habitantes”, con un solo de guitarra soberbio, hasta ahí, calcado al concierto del día 8. La gente disfrutaba de pie, incluso estos temas podríamos llamar tranquilos, a partir de ahí, empezó el complemento perfecto al concierto de dos días antes, como si los dos conciertos fueran uno, asi lo sentí yo. “Contar contigo”, de Flamingos, nueva versión, no tan roquera, mas americanizada, “200 huesos y un collar de calaveras”, “Bujías para el dolor”, apabullantemente roquera, “Iberia sumergida”, yo no entiendo porque han hecho un disco de versiones de canciones de Héroes y Enrique, cuando el mejor versioneador de sus propias canciones es el mismo Bunbury, debería sacar un disco con las transformaciones de sus propias canciones de gira a gira, sería un gran disco, y eso pasó con Iberia, gran versión y gran interpretación. “Que tengas suertecita”, “Sólo si me perdonas”, con unos palmeros de lujo, el público, “Sácame de aquí”, “Sí”, brutal, “Infinito”, con Enrique mas Raphael que nunca, y cerraba el primer ciclo un “Apuesta por el rock and roll”, especial, directo y aplaudido. Gran tema.

Bunbury

Fue el único momento que la gente se sentó, para descansar, para pellizcarse y saber que aquello que estábamos viendo era verdad, apoteósico, de los mejores conciertos que, de verdad, he visto.

La gente a voz en grito reclamaba la presencia de Enrique, que salió y como salió, para mi la mejor parte del show, con los tres temas que para mi sonaron mejor, con una interpretación que rozaba la perfección. Con el llamamiento de “vamos a bailar” “El anzuelo”, totalmente diferente con un ritmo mas acelerado que la versión de “El Viaja a ninguna parte”, que cautivó, “El Hombre delgado que no flaqueara jamás”, para mi la mejor canción de la noche, que a pesar de sus seis o siete minutos de duración se hizo corto, y “Lady Blue”, que cada gira suena mejor.

Bunbury

Hasta este momento del concierto, la gente se daba por satisfecha, había sido un conciertazo, pero allí nadie se movía, nadie se sentaba, nadie dejaba de gritar, y volvió a salir para ahora un poco más recogidos interpretar otro tema que en directo es mucho más impactante que en el disco “El Boxeador”, otra vez, soberbia, continuó con “Es hora de hablar” y cerró el ciclo, “…Y al final” con un final mexicanizado que hicieron las delicias de todo el mundo. Y hasta aquí, al igual que el día anterior, duraba este increíble concierto, pero claro, era el último concierto de la gira, la gente no quería irse, y ni Enrique ni la banda querían dejarlo así, y salieron, y se marcaron un “Vámonos” ranchero que coreó gran parte del público y para despedir aquel magnífico concierto nos regaló, ante la petición de varios entre el público, me incluyo yo, de “La Chispa Adecuada” que hizo ya por rendirse al Liceo completo, cantando a voz en grito este himno ya de los Héroes del Silencio, que Enrique en cuanto puede toca en sus conciertos en solitario. La ovación fue apoteósica, y ni nosotros, el público, ni ellos, se querían marchar, Enrique abandonó, emocionado, el escenario, para dejárselo a Los Santos Inocentes, que en corro, saltando y demostrando su alegría, despedían esta gran gira, y despedían este concierto que no fue un concierto cualquiera, fue “el concierto de mi vida”.

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