Viernes noche, 27 de Enero, L´Hospitalet . Camino hacia el Teatre Joventut sin saber lo que voy a ver. Tantos tributos a grupos y cantantes desaparecidos donde te preguntas en qué momento de la película alguien les otorgó ese derecho, el de cantar sus canciones. Tantas veces buscando la magia que falta y dándome de bruces con la realidad, la de que ya no están, la de que esos no son, la de que… mejor me hubiera quedado en casa escuchando el original. Mis andares hacia el Teatre Joventut, esa noche, la del viernes 27 de Enero, no tienen prisa, mi corazón no tiene emoción, mi piel no está excitada por lo que va a sentir en unos minutos. Voy pensando en mis cosas, en las que me han pasado en los últimos días, ese último día, el día anterior en que un compañero de trabajo murió. No tengo muchas ganas de entrar al Teatre, pero hay que hacerlo, tengo que despejarme… Me siento en un anfiteatro casi lleno de cincuentones, cuarentones y treintañeros felices, sonrientes, amables cuando me equivoco por segunda vez de asiento y ocupo las localidades reservadas de sus parejas con las que comparten al menos una devoción: Antonio Vega.

Ese chico, que no era “triste y solitario”, hubiera querido que esa noche, la del 27 de Enero en el Teatre Joventut de L´Hospitalet, “hubiera una fiesta”, según dice el cantante y guitarrista. Es un catalán que lleva veinte años aguantando a los madridistas en Madrid, nos dice, para que empecemos a conocerle. Es de aquí al lado dice, de Gavá, y está muy contento de estar aquí “aquesta nit”. Yo soy de Madrid y vivo en Barcelona, y pienso que en Madrid no todos son “del Madrid” pero,  dale otra oportunidad a esto Silvia, me digo…. Intenta escuchar sus canciones e imaginar que es él, aunque cueste, intenta abstraerte de todo lo demás. Y entonces ocurre, cuando empiezan a tocar.

Se llama Ricardo Marín y pone voz  y guitarra.  Detrás de él Billy Villegas pone un bajo y una pose sobre el escenario quieta, seria, de esa modestia que deja que los demás se luzcan, de esa que esconde años de experiencia y de carretera. La modestia de verdad, la que se admira sin conocerla. A su lado, Anye Bao pone batería y emoción y sentimiento y chispa y fuerza y locura. A la izquierda pone teclados Basilio Martí, el que más tiempo pasó con Antonio, el que más le conocía y el causante de que ellos, los músicos de Antonio Vega se hayan reunido en este pueblo de la periferia de Barcelona, y unos días atrás en Madrid, para conjurar su espíritu.  Son ellos y lo sé en ese mismo instante. Y me digo cómo es posible que haya asistido a una cita así sin saber que asistía a un espectáculo de este calibre. Que soy periodista, cojones!! ¿Cómo ha podido ser? Pero cierro los ojos para escuchar, ya me fustigaré después. Disfrutar es poco para describir lo que siento cuando uno de los artistas invitados, Shuarma, versiona “Elixir de juventud” La comunión entre su energía y la batería  de Anye Bao explota y sé que esto es lo más parecido que conozco a un orgasmo. Y doy las gracias a mi acompañante por haberme traído, por semejante regalo. Después Rafa Pons,  que no se cree estar ahí dice que siente como haberse colado en la colección de cds de su salón cuando está a punto de cantar “Atrás”. Pero lo hace, lo está haciendo, canta con los músicos de Antonio la música de Antonio. No sé si habrá plantado un árbol en su vida o habrá escrito un libro pero lo que ha hecho hoy le redime de alguna de las otras cosas, seguro… Chivo Chivato canta mi canción favorita de Antonio y la de tantos otros, una de las canciones más bonitas que se han escrito en la historia de las canciones bonitas: “Lucha de gigantes” Y por eso… Todos sabemos en ese anfiteatro que el listón estaba alto, así que… Gracias por intentarlo, se agradece igual. Y Morti, y Dani Flaco y los Estopa, que aparecieron los primeros de entre los artistas invitados y cuya versión de “El sitio de mi recreo” se les perdona esa noche.

Entre unas y otras apariciones estelares, la estela de cuatro músicos de los grandes, de los buenos, que hacen que por una noche Antonio Vega venga desde allá donde se encuentre a curarnos el alma. Y a mí, paradójicamente, a olvidarme de la muerte, del tajo en el corazón que deja la de alguien que no tenía que haberse ido. Y de repente… Una voz dice: “Nos vamos con Lo mejor de nuestra vida, que ha sido acompañar a este gran músico” Y yo despierto y me pregunto: ¿Ya ha pasado el tiempo?. Porque me quedaría escuchando esas guitarras y esa batería y ese teclado unas cuantas horas más. Era la música de Antonio Vega, con toda su limpieza y con toda su precisión en cada nota. Puedo decir que el viernes 27 de Enero en el Teatre Joventut de L´Hospitalet he escuchado al maestro. Una noche mágica en que nos ha vuelto a acompañar el genio de una leyenda musical.

Desde las gafas de Mike agradecemos a Silvia por haber colaborado con nosotros. ¡Grande!

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