No necesitó más que su sola presencia para llenar el escenario. Patti Smith, con su pelo largo, sus movimientos de manos, su voz diferente y profunda y sus constantes sonrisas sin reprimir iluminó el 15 de noviembre toda la sala de la Riviera.

Tocaba Patti después de cancelar su concierto el día anterior y unirse a la Huelga General del 14N, siempre coherente con su carrera musical y política, y salía a escena para interpretar los temas de su último trabajo, “Banga”. Pero también rememoró sus grandes hits, como “People have the power”, (con el que cerró su recital), o “Because the night”. En su autobiografía, “Éramos unos niños” (uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos meses), Patti cuenta que en realidad ella quería ser poetisa y pintora y que nunca se le habría ocurrido convertirse cantante si no hubiera sido por la insistencia de su amante, mejor amigo y  más que hermano el fotógrafo Robert Mapplethorpe, que le pedía siempre que le cantara. A mediados de los 70, Smith influenciada por uno de los hombres que más marcarían su vida, comenzó a recitar sus poemas acompañada de música, poco a poco su increíble voz fue tomando forma y sus poesías se convirtieron en canciones.

El otro día Madrid fue una de las ciudades elegidas para recibir en directo el regalo de su música. Gracias por la luz, Patti.

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