Francisco Nixon

Mi agente literario me ha aconsejado varias veces que deje de hacer estas Anticrónicas. Desgraciadamente, me debo a ustedes, queridas y queridos lectores, y no puedo pasar sin ofrecerles mi puntual visión de la escena musical de la ciudad en la que deambulo últimamente. Las presiones son cada vez más fuertes, pero el jueves me planté nuevamente, de la mano de mi cada vez más maravilloso fotógrafo habitual, a escuchar con la mejor de mis intenciones un nuevo evento musical con el único objetivo de que puedan sentir que estuvieron allí. En esta ocasión, el primer concierto del ciclo “Pop&Dance Club” que se celebraba esos días en varios locales madrileños.

El último consejo que me dio, mientras me adecentaba las gafas (de pasta, dado el evento al que iba a asistir) con una toallita limpiadora y me retocaba el flequillo, fue que no hiciera lo que siempre hago, que la Sala Rock Kitchen estaría llena, y que no iba a estar bien visto por allí…

Pero no le hice caso. ¿Acaso tengo culpa de que en un evento como ese se acaben los barriles de cerveza cuando no se lleva ni la mitad? Parece que la asistencia se les había ido de las manos y no contaban con un lleno total.

Entré con toda la intención de hacer una crónica festivalera, hablando antes del cabeza de cartel y dejando menos espacio a los anteriores grupos por aquello de ser coherente con la importancia dada por la organización a cada una de las bandas… Pero, tampoco pudo ser. Por mucho que mi Agente se empeñara, Francisco Nixon me gusta más que los Niños Mutantes y que la Habitación Roja. Y además, al tocar los primeros, hizo que mi estado etílico no influyera tanto en mi percepción.

Francisco Nixon es un artista minusvalorado. En este país, hay poca gente que, con tanta sencillez, elabore e interprete temas con unos arreglos vocales tan exquisitos. Nadia, Erasmus Borrachas, Inditex… O clásicos del tiempo de La Costa Brava como la maravillosa Adoro las pijas de mi ciudad que, para el que no la haya escuchado nunca y sea argentino, hay que indicar que no tiene nada que ver con lo que piensa… El cumpleaños de Ronaldo, Me casaré cuando me enamore…

Los Niños Mutantes dieron un vuelco a la noche. Evidentemente, no es difícil subir el tono que ofrece Francisco Nixon. La gente parecía más conectada, el número de asistentes había crecido definitivamente hasta casi el lleno, y el nivel de gafapastismo indie por metro cuadrado empezaba a llegar a extremos propios del evento en cuestión. Las Noches de Insomnio, La Voz, Errante, fueron temas que sonaron en el excesivamente alargado (bises, interacción con el público…) concierto de los Mutantes.

Los niños mutantes

Pero en este concierto también llegó la paradoja de la noche: El momento en que la masa ingente de indies integristas cantaron (qué digo cantaron, berrearon) la versión de Como yo te amo que hacen estos chicos. No sé si era mi alterada percepción que ya empezaba a fijarse en según qué cosas y olvidarse de lo obvio (modo 5 cubatas ON) pero ver a ciertas personas haciendo eso con un tema de ROCIO JURADO, no lo olvidemos, la difunta y admiradísima, la más grande…Da que pensar…

Terribles fueron las esperas entre grupos. Media hora de Fran Nixon a los Mutantes, y más de tres cuartos entre éstos y La Habitación Roja… ¿Salir a fumar? Claro… Pero como decía el chiste: Cartones… ¿Tomar más copas sin perder ni un detalle de lo que pasa en el escenario (Ante todo, soy un profesional)? Por supuesto, montones…

La Habitación Roja empezó más allá de las 0:45 de la noche y eso hizo que mucha gente fuera abandonando el local cuando apenas llevaban 4 ó 5 canciones… Seguramente el horario del metro influyó en todo esto, dado el considerable disgusto con que salían muchos de la sala. Afortunadamente, el que suscribe esto y su fotógrafo de cabecera no tienen el mismo problema, gracias a las facilidades que nos da Las Gafas de Mike (Nunca serán suficientes los agradecimientos) a modo de coches privados y atenciones para que sólo tengamos que preocuparnos de lo esencial: La música… El grupo estrella de la noche, dado el horario, se encontró con un aforo que se iba vaciando paulatinamente, aunque no llegó a quedarse como al inicio del concierto de Francisco Nixon.

La habitación roja

Son más de quince años de carrera los que contemplan a La Habitación Roja. Tienen un nombre, un caché, un aura de grupo grande… Pero yo ya había cumplido con mi hígado y después de lo larguísimos que fueron los bises de sus antecesores, mi entusiasmo con su puesta en escena ya dejaba un poco que desear… La Edad de Oro. Crónico, Febrero o la ahora totalmente desfasada El Mundial que nunca ganaremos (“Iniesta de mi vida” culpable) destacaron en un repertorio que se alargó hasta casi las 2 de la mañana.

Días después del concierto, fui abordado por una bella chica con gafas de pasta en un feo bar de dudosa reputación inquiriéndome sobre mi asistencia a este evento. (Sí, ya sé… Escribo las Antocrónicas varios días después del evento, dejo reposar las sensaciones… ¿Cómo si no iba a olvidarme de tantos detalles?…). Esta chica, tras poner mala cara ante mi comentario de “¿Qué hace una indiegafapasta como tú en un antro como este?” hizo que reflexionara sobre la democratización musical en la que estamos metidos. En estos complejos tiempos para el negocio se escucha más música que nunca. Esto nos está llevando a eliminar etiquetas y deambular de estilo en estilo sin ser integristas de un solo palo musical. ¿De ahí lo de Rocío Jurado?…

Eso explica, o excusa, que este humilde Anticronista, en el tiempo que lleva por aquí haya estado cubriendo conciertos desde Los Chunguitos a Barricada, de Modestia Aparte a Iggy Pop & The Stooges, pasando por Siniestro Total o Christina Rosenvinge… Y lo lleva bien. Otra historia es su fotógrafo: A ese le cuesta más, pero eso amiguitos, ya es otra historia…. Igual que la de su Agente Literario…

Texto: Nando Monzú.

Fotos: Álvaro Hernández. (Más fotos en http://www.flickr.com/photos/movidasdeltxata/sets/72157625923322256/)

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