Enrique Bunbury y Los Santos Inocentes, 05/02/2012, La Riviera, Madrid.

Cuarto asalto del espectáculo de “Licenciado Cantinas” en Madrid y La Riviera espera ansiosa la salida de los músicos como si fuera el primer día. La banda aparece puntual sobre el escenario luciendo sus mejores galas cuatreras para la ocasión. Suenan las notas hipnóticas de “El Mar, el cielo y tú” y tras ellas aparece Bunbury enfundado en su traje oscuro, el Licenciado está listo, ya estamos todos, la clase puede empezar.

Lección I. Redondez

Una vez la banda al completo está sobre el escenario y atacan los primeros temas de “Licenciado Cantinas”, —“Cosas Olvidadas”, “Llévame”— el público sabe que esa noche va a ocurrir algo especial, algo diferente. Y es que esta gira no es una gira más, ninguna de la giras de Bunbury es una gira más, esta es la del “Licenciado Cantinas” y todo debe ser canalla, latino y rockero, y así será. El Maestro/Licenciado Bunbury concibe cada uno de sus trabajos como una obra completa en sí misma que incluye el sonido, las canciones, la estética, tanto de la banda como del disco, —basta ver la caja del Cd/botella de ron “destilada con maestría por Enrique Bunbury” para saber a lo que me refiero—, y el directo, consiguiendo una sensación de redondez, de que nada despunta fuera del contexto y de naturalidad que es de agradecer y que es la primera de las magistrales lecciones que nos dará hoy el Licenciado.

La banda se muestra viva, encendida, se divierten, bromean entre ellos; son una gran banda y lo parecen, que es importante. El Licenciado se mueve por el escenario como un puma y no deja un centímetro sin recorrer. “El Solitario” y su estribillo tan pegadizo dan paso a la nueva versión de “La Señorita Hermafrodita”, creándose una sintonía perfecta entre el sonido más rockero y las notas y los sonidos latinos, -¡esas pailas!- hasta que la sala parece caerse cuando el Reverendo Rebenaque, acordeón en mano, nos traslada al puerto con las primeras notas de “El Extranjero”.

Lección II. Energía

La clase continúa con “Ódiame”, “Los Habitantes” y “El Anzuelo”, que con esta formación suena mucho más rock, gracias en parte al slide de Jordi Mena. “No me llames Cariño”, que también suena ahora más poderosa, es el núcleo central de la segunda clase que esta noche está impartiendo el Licenciado, energía, uno de los componentes básicos de todo concierto de Rock, que eso es lo que hacen Enrique Bunbury y Los Santos Inocentes, por si algún despistado no se había dado cuenta. El Licenciado sabe que subir a un escenario, correr, brincar y sudar como si el mañana no existiera no es suficiente, lo importante es que la energía que se cree en la atmósfera sea una energía compartida por todos, Licenciado el primero, pero también la banda y, como no, por el público. Cada vez que Bunbury pide que no le llamen cariño todo el público lo está pidiendo también, y es que el Licenciado sabe poner palabras a los sentimientos compartidos como nadie, ya sea la alegría tequilera de “Ánimas, que no Amanezca” o la solitaria desesperación de “Sácame de Aquí”.

Lección III. Sinceridad

Habrá todavía muchos de mis improbables lectores que piensen que sí, que todo esto está muy bien pero que muchos otros artistas hacen lo mismo y que bueno, que vale, pero la clase todavía no ha terminado. Lo que diferencia a un Licenciado de verdad, como es el caso, es simple y llanamente la sinceridad que sea capaz de mostrar y compartir. Cuando Licenciado te desea “Que tengas Suertecita”, o te anuncia que pronto llegará “El Día de mi (tu) suerte” pues te lo crees. Lo mismo ocurre cuando Enrique, con la mano en el pecho, da las gracias a un público que ha recibido un gran espectáculo pero que también ha sido parte del mismo. Será por la mirada sincera, por el Ron que casi todo lo cura o por lo que sea, pero te lo crees.

Lección IV. Humildad

La clase está llegando al final y Licenciado sabe que ha vuelto a conseguirlo, lo nota en el aire, y es hora de compartirlo. La enésima presentación de Los Santos Inocentes precede a los primeros bises, —por si no ha quedado suficientemente claro ninguna de las lecciones antes mencionadas servirá de nada si no se hace uno acompañar de una banda con una solvencia tan amplia como esta, no sé si serán Santos o si serán Inocentes pero como banda sólo puede uno quitarse el sombrero—. Cuando las luces vuelven del recreo hay en el escenario un nuevo invitado, Don Julio de la Rosa de ha unido a nuestro Licenciado para convencernos de que “Todos lo Haremos Mejor en el Futuro”, seguro que el señor Waits estará de acuerdo.

Una buena ración de “Bujías para el dolor” hasta el “Infinito” y Enrique nos regala una emotiva “San Cosme y San Damián”, según sus propias palabras, y son palabras de Licenciado, la mejor canción que ha escrito. El vals de “…y al Final” es la campana que anuncia el final de la clase. Todos somos ahora un poco más sabios pero por si acaso queda algún rezagado Licenciado nos pide que no les olvidemos, no lo haremos, si el curso que viene hay nuevas clases asistiremos sin pensarlo, nunca está de más algún refuerzo.

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