Aunque llegamos tarde, se pudo saborear el sabor Lichis. Antes molaba, cuando Julián Kanevsky le ponía chupitos, pero las facturas se tienen que pagar. Y ahora se le ve mucho con mucha más energía.

Han hecho un recorrido por los grandes éxitos, combinados con pequeños mensajes, para Espe, para Melendi (y su chocolate), para la ley del tabaco, bueno, ya sabéis. Y hoy no han salido amigos al escenario (hannah si), ni se ha bebido una botella de tinto como la última vez que lo vi, no hace falta ni la una ni la otra, tiene temas para llenar toda una sala, divertirse, divertir y hacer reír.

Además, lo mejor de todo es que en pequeño formato, con dos guitarras y un cajón, las canciones ganan, están vivas y no necesitan mucho más. Y si había un solo de la hostia, es substituido por un comentario sobre ese mismo, porque si. Todo un showman. Las vueltas que da la vida. ¡Larga vida al Lichis!!


Entradas relacionadas: