La música, como se ha dicho muchas veces, está omnipresente. Si no te gusta especialmente, la tienes en películas, en ascensores, en el reaggeton del compañero de viaje del metro, los teatros, supermercados, por supuesto, bares. Si te gusta, pues se complementa con tu casa, tus amigos, es la banda sonora de tu vida, nunca mejor dicho.

¿Y qué hacemos nosotros por ella? Bueno, eso es una respuesta que tendrá que dar cada uno, desde su sillón. En mi caso, puedo hablar de mi entorno. Tengo gente alrededor que no compra música. No lo ha hecho nunca. Supongo que tampoco le ha gustado mucho nunca, solo como el ketchup que te dan gratis. Solo van a los conciertos gratis. Otro grupo es el que compraba música, y la sigue comprando a precio “low-cost”, compran aquellos discos que para ellos son importantes a un precio reducido. Les gusta tenerlos, leer el libreto, escucharlos tranquilamente, pararse a disfrutarlos. Van a conciertos de sus artistas favoritos, siempre que les pille cerca y sea un precio digno. Otro grupo de amigos es el que compra música y va a conciertos por amor a la música, tienen unos grupos que siguen y compran, pero investigan, saben fechas de salidas de discos, van a pequeños conciertos, algún crowfunding, tienen una pequeña colección de vinilos, necesitan la música, la propagan entre sus amigos, les dan recomendaciones musicales, muchas veces adaptadas a los gustos del recomendado. Espectro musical amplio. El último grupo son amigos relacionados directamente con el flujo musical: músicos, promotores, gente de salas, editores, gente del mundillo.

Esa es una foto muy general de mi gente. Por supuesto, es una foto plana, la gente viene y va, ahora más música, ahora menos. Y viceversa. Algo que sí es permanente es el tamaño de los grupos. El primero, al que la música ni le va ni le viene, es el más numeroso. Y el número de gente que compone cada grupo es menor a medida que avanzamos. La mayoría somos pasivos, meros espectadores del partido.

Sobre Internet, podemos calificarlo también por el uso. Todos nos hemos bajado alguna discografía entera, que acabó sin ser escuchada. Hay gente que lo sigue haciendo, hay gente que solo lo hace con grupos que le gustan y hay gente que lo utiliza como adelanto, para saber si el disco en el que van a invertir realmente les gusta. El streaming ha saneado bastante a las descargas, sobretodo las de conocer nuevos grupos y hacer una pre escucha de discos. Los diógenes digitales seguirán ahí siempre.

Hemos visto caer a la industria, sin ni siquiera saber qué era lo que tenía la industria dentro. No sabíamos por qué un disco valía 18,75. No sabemos los costes (ni los beneficios) de un concierto. Mantener una sala. Tener una publicación dedicada a la música. Sin hablar del IVA.

Ahora parece que nos estamos “artesanando”, no todos, ya que unos siempre han estado ahí y otros no van a bajar, de Miami. Youtube con explicaciones de las canciones del disco, Radiohead deja que le pongas precio a In Rainbows, plataformas de creación de conciertos por crowfunding y muchas más acciones para estar en el lado de la música.

¿Quieres que toda la música que exista te la den las radios comerciales? ¿Escuchar todos los días lo mismo? Haz algo, es el momento de aportar.