Rock in Rio

Las dudas eran inmensas. En la balanza, de un lado Rage Against The Machine, en el otro, el macrofestival más sobredimensionado y mercantilizado que hay sobre la faz de la Tierra.

El primer lado de la balanza con algún añadido tipo O´Funk’Illo, Cypress Hill o Jane’s Addiction ganó la partida y allí nos plantamos. A fin de cuentas la entrada sólo costaba 69 €, a los que habría que añadir los 18 posteriores por dejar el coche a 15 minutos de la entrada del recinto… Lo importante era ver a los RATM y botar como locos, olvidando todo lo demás.

Esperaba un concierto de los de verdad. De gente privilegiada que es capaz de hacer saltar a una masa recurriendo sólo al clásico guitarra-bajo-batería, sin necesitar más sonidos enlatados ni florituras superfluas.

Una estrella roja ocupó las pantallas laterales y el fondo del escenario, y con una puntualidad digna de elogio “Testify” abría el espectáculo. No había marcha atrás. A partir de ahí, hora y media sin parar de botar, con un volumen envidiable, con una brutalidad propia sólo de los más grandes.

Tom Morello demostraba que con 6 cuerdas se pueden sacar sonidos que muchos de los mejores DJs del mundo tardarían años en dominar con todos los medios tecnológicos a su alcance. Zach de la Rocha transmitía buen rollo y mostraba calidad vocal y física, y si alguno pensaba tener algún instante de reposo, a las tres o cuatro canciones se disiparon todas las dudas: No estaban por la labor. Ni el repertorio de la banda angelina tiene opción de reposo, ni la noche estaba para ello…

Temas como“Bulls on parade”, “Know Your Enemy”, “Bullet in the Head”, “People of the Sun”, “Renegades of Funk”, “Sleep Now in the Fire”, “Guerrilla Radio” y una brutal version del “White Riot” de The Clash pasaron como una exhalación delante de las narices de los allí presentes, para  terminar en todo lo alto con “Freedom” y “Killing in the Name” (Único bis).

La hora y media que nos hicieron saltar como posesos, a muchos se nos hizo muy corta, pero la cara final de satisfacción que Zach mostró a todos los allí presentes hizo que quisiéramos guardar en nuestras cabezas un concierto de los que no se ven todos los días, y que tendremos que llevar en la memoria por mucho tiempo.

No tanto tiempo como el que llevaba evacuar la infame cantidad de líquido amarillento apodado cerveza, de origen mejicano y de nombre Coronita que se puede llegar a ingerir en un sitio como este. Ese líquido salía sin ningún tipo de reparo, con la misma facilidad que entraba, de mi cuerpo.

Gran organización, escenario mastodóntico, sonido impecable. Miles de patrocinadores, todo tipo de opciones para gastar dinero dentro de la “Ciudad del Rock” y lo único que se les ocurre es refrescar el gaznate de los asistentes con Coronita. De acuerdo en que había agua, en que había refrescos… Pero la única bebida alcohólica en un concierto de RATM es la Coronita… Al menos estaba barata: A 8 euros si te acercabas a la barra y a 9 si se la pedías a algún personaje que pululaba por allí con un bidón en la chepa…

Supongo que son esas cosas para las que uno no está del todo preparado hasta que no las vive, pero estábamos avisados: El previo al concierto, con miedo a la lluvia, se desarrolló con la idea de amortizar los 18 euros que costaba el parking bebiendo cosas normales y escuchando música que era disipada por el potente volumen con el que llegaba, a pesar de la distancia, el himno oficial del Rock in Rio que sonó sólo un ratito, poco más de las dos horas que estuvimos allí y que sólo cesó cuando empezaron las actuaciones.

Uno entra al recinto con cierta premura porque, ante todo, va a un festival de música, por mucho que se empeñen en decir por ahí que era un evento comercial auspiciado por el Corte Inglés, y descubre al pasar el control de acceso que, a pesar de que la voluntad de aquellos vigilantes era la de que no pasara ningún tipo de bebida ni comida dentro, su registro se limitó a un inquisitivo ¿Qué llevas en la mochila? Y un no menos eficiente ¿Puedes abrirla?, por favor… Pese a lo cual, cuatro magdalenas rancias de las que yo no tenía constancia se colaron en aquel imperio comercial disfrazado de concierto. Era el primer momento en el que maldecimos no haber introducido algo de beber con lo que mezclar las Coronitas.

O´Funk’Illo terminaron solapando su actuación con la de los Cypress Hill, que dejaron un buen sabor de boca, montando una buena fiesta, de baile y de encanto embriagador y cannábico, para dar paso a unos sorprendentemente en forma Jane’s Addiction (su último disco, como el de RATM, data de hace unos buenos años) que ofrecieron un potente concierto con una extraña puesta en escena trufada de coristas con poca ropa y actitud cabaretera de su cantante que pudo llegar a recordar en algunos momentos al ”Simply Irresistible” de Robert Palmer, aunque afortunadamente la música pudo con la actitud. Muy recomendables.

Pero el gran momento llegó, como era de esperar, con los RATM. Y ahí cuadró todo: La música, la actitud y las recomendaciones. En algún momento previo (y posterior) pensé en cómo un grupo con el compromiso político de RATM, una de las voces anti-sistema más preclaras del panorama musical, se prestaba a actuar en el festival más imperialista y comercializado de cuantos se celebran por el mundo… Pero no le di mucha importancia: Su concierto fue brutal, mi conciencia política se perdió cuando fui a El Corte Inglés a comprar la entrada y las Coronitas hicieron el resto.

Al rato, la autobautizada Ciudad del Rock se convirtió en un atronador polígono de extrarradio, lluvioso y pleno de ritmos tecno con pinta de durar hasta altas hora de la madrugada, terminó por entumecer totalmente mi conciencia. Allí ya no estaba (y probablemente no pintaba nada) el tipo de las Coronitas. Era el momento de buscar otros caldos

Killing in the name of!!!