Sínkope

Madrid, Sala Rockitchen, quince minutos pasan de las 9 de la noche. Suben al escenario los extremeños Sínkope a presentar su nuevo disco al público capitalino y demás llegados para el evento.

La noche no vaticina nada bueno: La sala me es desconocida, el ambiente lluvioso y mi ánimo es confuso porque busco una crónica del concierto para lasgafasdemike.com para lo que no sé si estaré preparado.

Busco la ubicación perfecta, delante de la mesa de sonido, espacio que se ve rápidamente reducido cuando empiezan a sonar los acordes de una intro pregrabada, que calienta el ambiente junto con la salida de los artistas vestidos de blanco, con gorros de paja, igual que en la portada de su último disco (“Canciones Repescás, Retocás, Arrejuntás y Otras”).

La voz de Vito no está modulada al cien por cien para entenderle perfectamente, pero da igual… Seguramente irá mejorando, y yo ya estoy pegando saltos y berridos acompañando Perfectos Animales

Y de entre la gente extasiada, sales, bailas, saltas, gritas… Lo normal en un concierto. Creo que me miras de soslayo, agitanada en el baile, rumbosa y despampanante… Cómo no sentirse subyugado mientras con tus labios acompañas la poesía de El Romance de la Luna Gitana y el Sol Poeta… ¡Cómo no enamorarse de ti! Aunque no volvamos a encontrarnos: Sínkope lo merecen.

Matar se me olvida eleva la emoción de la noche, aunque quizás la cerveza que se calienta por momentos ayude. Cuando suena El Vaso Alegre, paradójicamente, tengo el mío triste por vacío. Tengo que ir a por combustible.

Nunca me ha gustado ir a pedir a la barra en los conciertos, pierdes detalles de lo que sucede en el escenario, y te sales (aunque sea muy brevemente) de la emoción de la pista… Y además, tengo que hacer una crónica. Pero al volver de la barra mis gustos, intereses y costumbres me empiezan a parecer terriblemente estúpidos cuando me cruzo con tu escote. Ahora sí nos miramos, ahora no es la canción:

-          ¿Qué tal?

-          ¿Dónde estabas?

-          ¿Con quién has venido?

-          ¿Con quién te vas a ir?

-          ¿Te conozco?

-          Me da igual: ¡Dame un trago!
Saltamos agarrándonos la mano, rozando nuestros cuerpos, gritando, sudando, aunque no de la manera que yo quisiera… En un sala abarrotada, entre cientos de personas, aunque no de la manera que yo quisiera…

Sínkope

El repertorio me ayuda. Primer momento tenso de la noche: Al Socuello de tus pechos de seda

“…Y tengo hambre y te lo como todo

y por tu boca mi lengua se abre paso

poquito a poco nos volvemos locos,

junto a la luna sobaos nos quedamos…”

No creo que haya nadie que pueda cantar (a gritos) versos como éstos mirándote como si te hubiera estado esperando toda la vida, sin sentirse intimidado, pequeño, indefenso… A tu merced.

Sínkope

Vito grita: “¡¡Voy a hacer una hoguera en las traseras del olvido!!”

Todo el mundo se vuelve loco y atronan las guitarras de Quemando Recuerdos, Penas, Sueños y Otros Enseres. No hay excusa para no mirar el escenario y botar como locos.

Me pierdo en la siguiente canción, En el Jardín de tus ojos… Y me rematan los músicos con Tentación… Si hubiera decidido yo el repertorio, no podría haber montado mejor el guión de nuestra historia.

-          ¿De dónde eres?

-          ¿Cómo te llamas?

-          No te oigo

-          ¡Qué buenos son estos tíos!…

Empieza a sonar Encanutao. Las Autoridades Sanitarias y la legislación vigente obligan a omitir esta parte del relato.

Desapareces de mi lado. No te conozco y ya siento que te he perdido para siempre: Te haces Viento. Paseo como un lobo haciendo fotos para ilustrar esta historia, pero sé que lo que me motivan no son las fotos ni la copa que llevo en la mano que ha hecho que las cervezas pasen a ser pretéritas en la noche, sino que voy tras Tus Carnes (Mi alimento).

No sé hacer buenas fotos. Nunca se me dio bien. Tampoco sé ligar con desconocidas. Pido ayuda a los amigos y libero una mano (para las fotos, no para ligar). Me enciendo un cigarro cuando empieza a sonar Humo de Contrabando y algo me dice que te tengo cerca. No me preguntes cómo, pero lo sé.

-          ¿Me das un cigarro?

-          Te daría un millón de besos si me dejaras. Te daría un millón de abrazos si me atreviera…

Creo que no me has oído. Ahora mismo supongo que es lo mejor. Suena cursi o estúpido todo lo que me apetece decirte. ¿Dónde comprarán los versos los del grupo? Llevan ocho discos y no bajan el nivel. Deben de tener un buen camello lírico que les surte desde la dehesa extremeña

El Carro de la vida, otro clásico, otro himno… Y van…. Tu escote está empezando a convertirse en otro, pero llega antes Tirando de Rama.

Estamos llegando al final y no te has enamorado de mí. Hay quien piensa que Sínkope es un grupo macarra que sólo congrega a seres de mala imagen y dudosa reputación como puedo ser yo y los que me acompañan, pero tú, tus ojos y tu escote demostráis que esta gente es más que un grupo de rock como hay cientos.

Son diferentes: Emocionan, te hacen pensar, te hacen soñar, te enamoran. Me dejo llevar A Merced de las Olas y vuelves a mí como una sirena. Creo que traes un mensaje, pero no te veo la botella: Estoy demasiado ocupado mirando tus ojos. Te acercas más de lo previsto y menos de lo deseado y me susurras algo ininteligible al oído. El público ha subido el volumen una vez más porque llega A un beso mío le llaman ruina. Es una señal, sigo pensando que vivo en una película cuyo guión lo he escrito yo, por lo tanto, ahora es cuando he de besarte.

Vuelve a subir el tono del concierto que nos rodea con En tarros de Miel

“…Y en el aire cultivo palabras

que voy a susurrarte al oído

me siento tan bien que pienso

guardar en tarros de miel todo lo vivido…”

Parece que aquí acaba. 11:15 de la noche. Dos horas de puro R´N´R y poesía directos desde Extremadura. ¿No tocan Y pare Madrid? Las luces de la sala se encienden y me confirman que habrá que esperar a mejor ocasión. Salimos a la calle y llueve. Una cola de chavales espera a entrar en la sala y sé que todos ven en mi cara que ahí dentro ha pasado algo grande

¿Dónde compra los versos esta gente?

Gracias a Álvaro, Naxo y Jorge por ser mis ojos y escotes particulares: “En mi burra mando yo, cuando quiero digo arre y cuando quiero digo soo…”

Entradas relacionadas: