Foto1

“Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

-como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.”

(“No volveré a ser joven”, Jaime Gil de Biedma. Poema interpretado por Loquillo en su disco de 1994,“La vida por delante”)

Acabo de cumplir 18 años. La edad mínima para entrar a un concierto en La Riviera. Pese a mi juventud legal, no soy ninguna niña. Hace tiempo que salgo con un chico de 30 que estaba deseando llevarme a un concierto, y la suerte ha querido que el primer concierto (Legal) al que vamos juntos, sea de Loquillo. Casualmente, la Gira 30 Aniversario “Rock´n´Roll Star”. Mi chico tiene 30 años, casi los mismos que lleva Loquillo metido en esto del R´n´R, y yo voy a verlo por primera vez.

Me llama la atención el escenario. Dos murales con el Pájaro Loco con tibias cruzadas, el mismo logo que está en muchas camisetas de mi novio, flanquean el escenario. Todo parece añejo para una novata como yo y tengo que tirar de él para que me vaya ilustrando. Le encanta, creo que le hace más ilusión que a mí venir a este concierto, precisamente a éste. Una camiseta de Kevin Garnett de los Celtics, puesta junto a la batería (¿Éstos no son los máximos rivales de Gasol y los Lakers? Loquillo es un clásico y no se deja llevar por lo que toca…) Una foto de Marlene Dietrich en el centro del escenario (¿No es un poco antigua? Otra imagen clásica, atemporal, una diva clásica, mi niña…) Una boa de plumas rojas recorre el micrófono que usará Igor Pascual lo que da un extraño toque glam a tanto clasicismo rock (El Loco siempre se ha querido rodear de lo mejor, y algo ha visto en ese chico, aunque te parezca que no pega con él..)

Nueve y cuarto de la noche. Comienza a sonar Volver, el tango que tanto le gusta a mi padre (Otro clásico, cariño…)

Sale la banda y gente que me dobla la edad empiezan a comportarse con la ilusión de personas a las que yo se la doblo la mañana de Reyes, cuando comienzan a tocar. Se produce la salida apoteósica del Loco. ¡Qué presencia! ¡Qué porte! y comienza a cantar En las calles de Madrid (“dile a Pepe Risi que ya puede sonreír, él mató el silencio en las calles de Madrid… Me grita como un poseso mi chico al oído, con lo pelos de punta). María y Pégate a mí forman parte de un brutal comienzo de concierto al que no soy capaz de llegar, mitad intimidada por ver a miles de treintañeros (o más) histéricos, mitad por el desconocimiento de las canciones.

El hijo de nadie (“Soy un peligro cuando entro en acción” Me grita mi novio), Línea clara, R´N´R Actitud y Arte y Ensayo ya son temas que conozco, aunque no me enloquezcan. Empezaba a pensar que para ser mi primer concierto, debería haber buscado algo que se adaptara más a mi perfil.

El Loco enciende un cigarro. Seductor. Magnetismo, saber estar, seguridad… Todo transmitido con una sonrisa y una calada. Pero la más sorprendente seducción viene de la bajista argentina, que sale de su ostracismo al fondo del escenario, para deleitarnos con un despliegue de habilidad rítmica que creo que me produce el mismo efecto a mí, que al resto de la sala el momento del cigarro de Loquillo. Mi chico me mira extrañado, creo que ha visto en mi cara algo de emoción por fin. Es mona, ¿Verdad?… Si le dijera lo que estoy pensando, sería mi primer y último concierto a su lado.

Memoria de jóvenes airados nos acerca a uno de sus escasos parlamentos desde el escenario, en el que el Loco se pregunta ¿Qué es Madrid? Y se responda Gabinete Caligari y Jaime De Urrutia, con el consiguiente jolgorio de la parroquia allí presente. El hombre de Negro cantada a dúo con un Urrutia cada vez más parecido a un Coque Malla de mayor y Cruzando el Paraíso marcan un punto de inflexión en mi ánimo. Es la parte en la que empiezo a comprender por qué me he dejado convencer para ir al concierto. Una carrera musical de 30 años hace que todo el mundo pueda encontrar su lugar, hasta las recién llegadas, como yo…

Tatuados, Por amor y, momento para esos grandes clásicos que mi chico consideraba esencial que conociera y disfrutara si quería albergar la menor posibilidad de tener algo juntos El Rompeolas y Carne para Linda. Un pequeño “descanso” con Las Chicas del Roxy -creo que fue para toda La Riviera- y traca y subidón brutal con Todo el mundo ama a Isabel y Autopista

Se produce el primer parón. Estoy nerviosa, pero parezco ser la única. Todo el mundo asume a mi alrededor que habrá más y ni siquiera se esfuerza en pedirlo. Supongo que me falta experiencia en conciertos.

Vuelven con unos acordes que me hacen ganar puntos con mi chico: Es La Mataré, cari, es La Mataré (No sé muy bien por qué, pero es mi canción preferida del Loco) No, chiqui -¡Cómo odio que me llame así, La Mataré hace años que no la toca por temas de respeto a las mujeres, es que le dijeron que era violenta… No pudo terminar… Cuando entraron en acción más instrumentos, la reconoció y le dio un vuelco la cara de emoción. La Mataré marcaba (¡Y cómo!) el inicio de la segunda parte del concierto.

Brutal vuelta al escenario. Mi chico extasiado tiene casi vergüenza de mirarme por tener que soportar que una niñata de dieciocho años haya identificado antes que él, una de las canciones fetiche del repertorio del Loco. Termina y le miro con superioridad….

-Es que llevaban muchos años sin tocarla… Y además, yo la recordaba más punk y más rumbera…

-¿Era o no era La Mataré?

- Claro… Y no veas qué emoción…

Decidí no hacer más daño. Si hay algo que puede herir el orgullo de un treintañero que sale con una chica más de diez años menor que él, es sentirse sobrepasado en conocimientos, y encima de sus temas claves… Y desde que lo conozco, el Loco y todo lo que le rodea es algo básico para él. Por eso estoy aquí ahora. Por él me he acercado a este mocetón del Clot de porte majestuoso, y sé lo difícil que podría ser para él seguir soportando mi acierto y admitir su error. No me merece la pena, gracias a ello conozco a Loquillo, y gracias a ello estaba viviendo –podía pensarlo ya- una experiencia inolvidable.

Foto3

Feo, fuerte y formal me ayuda a no seguir pensando en el tema y a disfrutar de otro de mis momentos mágicos. Desde que conozco la canción, se la canto y le gusta… Podría decirse que es una de nuestras canciones, aunque suene raro.

Llega el brindis. Por el triunfo de la amistad, y La Riviera completa (conmigo incluida) se viene abajo con la salida en escena de Sabino Méndez. Probablemente, sea el mejor letrista que ha dado este país en muchísimos años, y mi chico está convencido de que Loquillo tuvo un antes y un después de su enfrentamiento con él y de su salida de la banda. A mí me da igual. Cuando yo conocí al Loco, Sabino ya no estaba… Comprendí de su importancia con el tiempo.

Se dirige al público para tímidamente, callar los vítores hacia su persona y nos dice que van a interpretar la canción que hicieron de jóvenes sobre lo que querían hacer de viejos, o sea, ahora: Rock Suave.

Foto2

Llega El Ritmo de Garaje con un cambio en la letra que a mi novio le hace especial gracia (“Tu hija no lo dice, no…Pero me mira mal…) y me la dedica con la mirada, cuando llega la presentación de la banda… Conozco a Jaime Stinus y a Igor Pascual… Pero yo sólo tengo ojos para ella, Laura Gómez-Palma… Desde hoy mi bajista preferida, aunque no sepa mucho de bajos.

Llega la intro que, según Loquillo, sólo sabe hacer Sabino: R´N´R Star. Ahí ya me dejo llevar. Me siento una más. Creo estar viviendo algo grande. Sólo soy una niñata de 18 años rodeada de treintañeros, que se siente la persona más afortunada del mundo por poder escuchar ese pedazo de concierto.

Loquillo nos habla de que el concierto ha sido para él un regalo de cumpleaños anticipado porque en tres semanas cumple 50 tacos, pero para mí ha sido perder la virginidad de la manera más maravillosa posible.

Y si abrió con Madrid, no podían faltar las palabras para su ciudad (algunas malas para los políticos) a la que sigue amando, pese a todo: Llega el paroxismo colectivo con el Cadillac Solitario. Probablemente no sea la mejor canción de su repertorio, pero todos la cantamos, todos la conocemos y todos nos emocionamos… Y no podía faltar.

Ha pasado ya una hora y tres cuartos. Se despiden y suena “You´ll never walk alone”.

Acaba mi primer concierto y mi novio me mira con una mezcla de condescendencia y orgullo: Ya sabía yo que te iba a encantar…Yo sigo sin poder reponerme de las emociones vividas, del Loco, de Laura, de la pérdida de mi virginidad… Sólo hay una sombra en todo ello: No haber nacido antes para conocer a este tío veinte años atrás. No lo sabes tú bien –le dije con el disimulo que habla una mujer infiel a su marido- Gracias amor mío… Sólo me queda fantasear con la anunciada gira del Loco con Calamaro, Bunbury y Jaime Urrutia que, según mi novio, llegará. Esperemos no vuelva a pasarse de listo.

Nos vamos a seguir la noche, pero yo ya sé lo que es la tristeza post coitum.

Texto: Robado por Nando Monzú de la carpeta de una compañera de clase.

Fotos: Álvaro Hernández.

Entradas relacionadas: