(Nota del Autor: Esta Anticrónica puede provocar muchas cosas. Entre ellas, si es usted fumador, deseos irrefrenables de echarse un cigarro tras otro. Si está en su casa leyendo esto, y no hay nadie a quien le moleste, hágalo. Si no es así, no culpe a estas humildes líneas de sus ganas de fumar, queda avisado. Y si le provoca otras cosas, hágaselo mirar…)

Jueves 20 de Enero. Madrid. Frío del carajo en la Puerta de la emblemática Sala Caracol. Apuro el último cigarro previo a disfrutar de uno de los grandes de la escena madrileña y entro cinco minutos más tarde de la hora prevista para el comienzo.

La Sala se va llenando paulatinamente de gente, que empieza a impacientarse, hasta que a las 10, con una hora de retraso sobre el horario previsto, aparece en el Escenario Don Josele Santiago y Sus Menudencias (Luca Frasca al órgano, David Krahe a la guitarra, Javier Rojas con el bajo y Jorge Santos en la batería). En esa última hora no me he fumado ningún cigarro por aquello de estar prohibido, pero ya es el momento de comenzar el concierto, y se me olvida un poco.

Hasta que ocurre lo inevitable: Comienza a cantar Josele Santiago: Pensando no se llega a ná, Fotocopia y Vuelo de volar, para pasar a su lado más crooner con De papel. Esa voz, desde Los Enemigos hasta ahora, ese Josele Santiago sin humo de por medio… Hay voces que siempre estarán asociadas al humo del cigarro, y la de Josele es una de ellas. Y a mí me empieza a apetecer muchísimo un cigarrillo.

Continúa la velada con temas del que será su próximo disco, entre las que destaca la muy rítmica Euforia, que estará “dentro de 2 meses disponible en vuestros ordenadores” según comenta el autor…

Farol y Baile de los peces también incitan a fumar, pero supongo que es algo personal, algo derivado del tiempo que llevo metido en esa Sala Caracol llena hasta los topes sin encontrar tarea para la mano que no sujeta el cubata.

Canción de próstata y Los dioses también se aburren (“Te arreo con saña, los Dioses están de cañas”) revelan a un Josele que sigue muy fino en su labor de creador, rematada por una canción que “Va de un día en que se me derritieron las meninges”: Tío normal.

Josele Santiago. Un ídolo corriente. Un tío normal admirado por muchos. Grande desde el “Rock Enemigo”, pasando por su etapa de trovador maldito y derivando a un estilo crooner castizo con una gran banda a su disposición. No me imagino aquellos conciertos de Los Enemigos sin fumar, sus inicios como cantautor en solitario en espacios despejados de humo, sus Menudencias rodeadas de olor ambiental no viciado por la nicotina.

Josele Santiago

“Seguimos con los grandes éxitos de siempre”: Tragón. Se interesa por su Atleti “¿Cómo van? ¿Sí? No me jodas…” y a uno le viene a la mente lo duro que puede ser para un colchonero de pro no echarse un cigarrito para que no le carraspee la garganta al aguantar una nueva derrota contra el eterno rival.

Mi prima y sus pinceles “que no es del Atleti ni del Madrid, pero menudo bicho está hecho”, precede a otra canción nueva, Sin dolor, cuando empiezan a dolerme las fosas nasales de los efluvios de tanta humanidad congregada. Necesito humear mis conductos respiratorios, pero es tanta la gente reunida por ver a Josele, que salir de allí me resultará muy difícil, por lo que desisto y me conformo con ver cómo alguna que otra cortina de humo empieza a aparecer cerca del escenario.

Otra nueva canción, Hagan juego, después Baila el viento (ojalá Bailara con la peste a humanidad que empieza a aparecer por allí) preceden a la historia del disgusto que se llevó el progenitor de nuestro Josele,  que “se jactaba ante sus amigos de la canción que le había escrito su chaval, hasta que se enteró de que la canción no era para él… Luego se fue a los Carnavales de Cadiz y se murió, y desde entonces sí se la dedica…” Ole papa…

Aunque su padre se hubiera quedado con las ganas como todos los allí presentes, cuando a las cuatro frases se interrumpe la canción por un problema (¿Tono demasiado alto? ¿Rotura de una cuerda?…) y cambia la guitarra para pasar a interpretar “Complejo” de Los Enemigos, para el goce general de los que habíamos sentido previamente un Coitus interruptus. Eso me recordó el consabido cigarrito de después, pero claro, al haber sido un coitus interruptus, tampoco me voy a poner yo muy pesado con querer fumármelo.

Josele Santiago

Se despiden con un lacónico “enseguida volvemos” a eso de las 11:20, para volver 3 ó 4 minutos después con Loco encontrao y Rompes mi canción, donde Sus Menudencias demostraron que no son una simple banda de acompañamiento y un Ole papa –ahora sí- para cerrar. Un cigarrito y para casa…

Pero no se podía fumar, y tras la despedida y las consiguientes peticiones de un público tan entregado, como sudoriento, volvió Josele al escenario a afrontar un, según él, “momento cantautoril”…

Y comienza, entre la oscuridad y rasgueos de guitarra con aquello de La sangre aún me hierve
cuando pienso en mi mala suerte
…  Y ahí explota todo lo que no había explotado hasta el momento. La media de edad y aquella emoción compartida de todos los allí presentes jalean una acústica Desde el jergón.

Después llega Luna nueva, con la que vuelve la banda. Desde la completamente llena Sala Caracol se le espeta al protagonista: ¡Josele! ¡Estás en forma! A lo que Josele, con ese encanto que le caracteriza, y esa voz cazallosa tan suya responde: ¡Qué coño dices!

Siendo güeno cierra definitivamente el concierto. Siendo güeno nunca me porto mal

¡Atleti! Como último nombre al viento una vez despedida la banda y salida en estampida entre olores corporales a por el, ahora sí, cigarrito de después… Salida de una Sala Caracol llena de gente de la que piensas “Esta ha venido directamente del trabajo y a la pobre no le ha dado tiempo a cambiarse” junto con otros más denunciables “Le están explotando en un asador de pollos 16 horas al día y no tiene ni tiempo de cambiarse desde la semana pasada”… Además, probablemente hayan llegado todos corriendo.

Yo, por mi parte, me apresuro a echar un cigarro. No vaya a ser que nadie piense que huelo mal, o empiece a perder mi voz cavernosa…

En un par de meses podremos disfrutar del nuevo trabajo de uno de los grandes. Y tiene pinta de ser muy bueno. Y su voz seguirá siendo la que es. Haya tabaco o no en los garitos de la noche madrileña.

Una noche que como humo se va.

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